07/01/10
Obama, el héroe que no fue
2009 comenzó con las expectativas mundiales depositadas en las espaldas de un solo hombre: Barack Obama. Antes de su asunción a la presidencia de Estados Unidos millones en todo el mundo se encandilaron con su encanto y quedaron hipnotizados con sus discursos brillantes, elocuentes, y esperanzadores. Pero al poco tiempo de asumir, Obama defraudó a muchos dentro y fuera de las fronteras de su país. El cambio que prometió durante su campaña sigue siendo una promesa y más allá de algunos aciertos internos, la política exterior del nuevo morador de la Casa Blanca no difirió mucho de la de su antecesor. Tal vez en una vitrina del Salón Oval descanse el traje que Obama todavía no pudo, no quiso o no supo calzarse. 2010 no necesitará superhéroes, sino líderes capaces de plasmar en la práctica la necesidad de cambio que respira el planeta.
A comienzos de 2009, con el nuevo año, millones de personas en distintas partes del mundo encontraron en el nuevo presidente de Estados Unidos la esperanza de un cambio. Esa fue durante su campaña, la promesa de Obama para quienes lo siguieran. Como en pocas oportunidades el carisma de un político estadounidense sobrepasó las fronteras y despertó gran simpatía en Europa, Asia, África y América Latina.
Ocho años de Administración Bush basados en la política de los “ataques preventivos” y la llamada “lucha contra el terrorismo” le generaron a Estados Unidos muchos más enemigos de los que ya tenía, y una creciente antipatía en naciones que antes podían llamarse aliadas.
Las bajas temperaturas de enero en la ciudad de Washington no impidieron que millones de personas acompañaran al hombre que durante meses, con una magia cautivadora, prometió un cambio en la manera de hacer política para los estadounidenses pero también para el resto de un mundo cansado de la forma en la que Estados Unidos lleva adelante su liderazgo y poderío.
Este nuevo líder, convertido por los medios y la opinión pública en un súper héroe, debió enfrentar una de las peores crisis económicas de las últimas décadas, dos guerras abiertas y otras ocultas, las denuncias por la sistemática violación de los derechos humanos por parte de sus militares y agentes secretos y un peligroso enfrentamiento entre su nación y el mundo árabe musulmán, entre otros temas de su caliente agenda.
A casi un año de aquel momento histórico en las calles de Washington, cubierto en vivo por distintos medios de comunicación de todo el mundo, la magia parece ser algo del pasado.
De súper hombre a político clásico. De la esperanza a la decepción de muchos de sus seguidores en Estados Unidos y de sus simpatizantes alrededor del mundo.
La política ejercida por Washington en los últimos años marcó al mundo y así lo seguirá haciendo, ya sea por sus acciones militares o económicas. Guste o no, Estados Unidos es una potencia y como tal sus intereses seguirán chocando con los de varias naciones y pueblos.
En tiempos en los que los recursos amenazan con ser cada vez más escasos, quienes tienen poder para luchar por ellos seguirán marcando la agenda. Fueron estos meses de la administración Obama los que generaron todo tipo de reacciones en distintos puntos del planeta y por esta razón lo que pueda hacer este nuevo hombre en la Casa Blanca marcará el camino durante el 2010.
Lamentablemente el mundo sigue en guerra. Irak, Afganistán, Pakistán, Corea del norte, Irán. Y ahora esa tensión que parecía lejana a los latinoamericanos, comienza a sobrevolarnos como un fantasma. Todo está relacionado con las políticas de la Casa Blanca y el Pentágono.
Durante el tiempo que Barack Obama lleva ocupando el salón oval, más allá de los éxitos internos de haber logrado su reforma de salud, y de haber contribuido a frenar el tsunami de la crisis económica a nivel mundial, las políticas fueron las mismas que durante la administración Bush
Guantánamo sigue abierta. No se avanzó en la investigación y castigo de los responsables de las cárceles secretas de la CIA. Irak y Afganistán siguen arrastrando soldados a la guerra. Las “manos tendidas” en las que se parecía vislumbrar una nueva política hacia países como Irán, duraron solo semanas. Está claro que Estados Unidos no es responsable de todos los males y problemas que ocurren en nuestro planeta pero por su poder tiene una responsabilidad destacada.
En estas últimas semanas las miradas de los habitantes de la tierra estuvieron puestas en Dinamarca, en la cumbre de Copenhague. Se esperaba y se soñaba con la posibilidad de hacer historia. La misma que prometía Obama cuando advertía que el planeta estaba en peligro en la ciudad de Chicago durante los festejos de su victoria. Pero el súper héroe nunca apareció. La cumbre fue inundada por seres humanos que vieron su poder debilitado bajo los efectos de la kriptonita de los intereses económicos.
El súper héroe que forjaron los medios (principalmente estadounidenses) tampoco rompió el molde de las clásicas relaciones con Latinoamérica. El golpe de estado en Honduras fue -como la cumbre en Dinamarca-, una oportunidad perdida. Washington no hizo nada para alejar a los golpistas del poder. Lo que es peor: le ató aún más las manos al debilitado y vapuleado Manuel Zelaya.
Años atrás, el presidente Bush le advertía al mundo tras los terribles ataques del 11 de septiembre de 2001, que atacar después de ser atacado no era defensa sino un suicidio. Semanas atrás, desde Noruega, mientras recibía el premio Nobel de la Paz, Obama le aclaró al mundo que hay guerras justas y necesarias.
En tiempos en los que se necesitarán grandes líderes para los desafíos que vendrán, el Súper Obama decidió rápidamente sacarse el traje que millones de almas colocaron sobre sus hombros.
No es tiempo de súper héroes ni de iluminados, sino de plasmar los sueños de cambio que siguen aún en el aire. Porque retomando el gran eslogan de campaña de Obama... ¡Sí, se puede!
17:00 Anotado en Al día | Permalink | Comentarios (0) | Trackbacks (0) | Email esto
| Tags: Obama, Estados Unidos, Irak, Afganistán |
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